LA URGENCIA DE ADOPTAR NUEVAS ESTRATEGIAS PARA AFRONTAR LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER
Las derrotas que hoy experimentamos no pueden explicarse solo a través de la correlación de fuerzas políticas. También son el resultado de llegar tarde a la disputa tecnológica, mientras los nuevos centros de poder comprendieron que el control de los datos, los algoritmos, la IA, y las plataformas digitales definiría la política del siglo XXI, buena parte de los movimientos sociales y políticos continuamos organizándonos bajo la lógica del siglo XX.

La semana pasada estuve en Bogotá en un encuentro Latinoamericano en el cual participamos representantes de 17 países. Como ejercicio de réplica, ya aburrí a mis personas cercanas contándoles sobre los debates, reflexiones y aprendizajes que surgieron en esos días. Ahora les toca a ustedes. Les compartiré sobre el tema que más me interpeló.
Un sondeo realizado por Fundación Casa del Bosque entre las organizaciones de sociales, políticas y DDHH reveló que gran parte de las personas que conforman estos espacios provienen de las ciencias sociales y humanidades como antropología, trabajo social, psicología, historia, sociología, etc. Estas carreras representan el 7% del universo académico, el resto del campus como las ingenierías, arquitecturas, ciencias espaciales, etc. si tienen dialogo con la tecnología, pero las ciencias sociales no, por la naturaleza de sus campos de estudio tienen un sesgo epistémico, que consiste en que se suele priorizar el análisis político, social y cultural sobre la comprensión técnica de los sistemas tecnológicos.
Este dato plantea un desafío estratégico. El avance tecnológico está replanteando la
forma en que vivimos, el acelerado desarrollo tecnológico esta transformando las formas de ejercer poder, producir conocimiento, participar políticamente y disputar la opinión pública. Ese aislamiento epistémico tecnológico del 7% implica que los movimientos sociales tienen un enorme analfabetismo tecnológico. No desde un punto de vista utilitario sino de comprensión, el problema no radica en aprender a utilizar herramientas digitales, sino en comprender como funcionan las tecnologías, quienes las controlan, que intereses políticos y económicos hay detrás y como moldean las relaciones de poder.
Por ejemplo: cuando recibimos o impartimos “talleres de tecnología” únicamente lo hacemos desde una perspectiva instrumental (aprender a usar una aplicación o una red social) y no abordamos las preguntas fundamentales sobre infraestructura digital, la vigilancia, los algoritmos, la inteligencia artificial, la gobernanza de lo datos y la soberanía de la tecnología.
La mayoría de las organizaciones abordan los derechos de primera, segunda y tercera generación. El 70% de los derechos de 4ta generación es de tecnología y abordan cada vez mas temas vinculados al entorno digital, como la protección de datos personales, ciberseguridad, acceso a internet, plataformas digitales, etc.
¿QUÉ SIGNIFICA QUE ESTE AISLAMIENTO EPISTÉMICO?
Queda un enorme vacío, y ese hueco es la razón por la cual nos están destruyendo en América Latina. No tenemos la capacidad para comprender y enfrentar estas nuevas formas de dominación. Los conflictos políticos ya no solo se desarrollan en los territorios físicos. También ocurren en espacios digitales mediante campañas de desinformación, extracción de datos personales, ciberataques, manipulación de algoritmos, vigilancia masiva y estrategias psicológicas en redes sociales.
Por ejemplo: Honduras recientemente se enfrentó a una guerra de cuarta generación, una guerra cibernética que torció el proceso de electoral. El proceso electoral hondureño ha evidenciado que la disputa política no se desarrollo en las urnas sino en el espacio digital.
Honduras enfrento campañas masivas de desinformación, uso de bots, difusión de noticias falsas, ataques coordinados en redes sociales, ciberataques, se creo incertidumbre, desconfianza y se alteró la percepción de la ciudadanía. Polarizaron a la población, no con panfletos físicos, si no con el control de las tendencias en redes sociales, con la segmentación de las audiencias, con datos personales, manipulación de algoritmos y viralizaron narrativa diseñada para ese objetivo.
Otro ejemplo: en Colombia la población se enfrentó a una guerra digital que duro meses de la lucha contra desinformación. Lo que hizo Espriella con los asesores internacionales, con el presupuesto, es emprender un modelo de campaña de comunicación de cuarta generación. Las redes sociales se han convertido en el campo de batalla con campañas sistémicas de desinformación, investigaciones han verificado la existencia de redes coordinas que amplificaban los contenidos falsos, manipulaban las conversaciones publicas y profundizaban la polarización política. Plataformas como Tik Tok, X, FB manipularon el alcance de determinados contenidos a través de algoritmos favoreciendo dinámicas de viralización.
Perdimos en Argentina, en Chile, Ecuador, Perú y estamos perdiendo Paraguay…
La falta de reflexión sobre este tema nos está haciendo perder los derechos porque los fascistas que a través de la tecnología ganan, después vienen a exterminar y las organizaciones aun no lo entienden.
Estos ejemplos muestran que las disputas por el poder incorporan la dimensión tecnológica. Mientras las organizaciones seguimos desarrollando estrategias del siglo XX para enfrentar los conflictos del siglo XXI.
LA TECNOLOGÍA COMO RELACIÓN DE PODER
El avance del neofascismo en el contexto actual es resultado de un alto grado de formación tecnológica combinado con un discurso ideológico dogmático. La tecnología no es neutral, son los conservadores quienes manejan mejor la tecnología y es lo que nos tiene derrotados.
Cogemos el celular como algo utilitario y no estamos entendiendo que es una relación de poder. La tecnología como relación de poder se manifiesta en cada plataforma digital mediante algoritmos, infraestructura, sistemas de publicidad, extracción de datos, entre otros. Cada vez que utilizamos nuestro celular participamos de manera consciente o inconsciente en una arquitectura política y económica global en donde todos estamos vigilados todo el tiempo.
Tenemos lideres analfabetas tecnológicos, con una profunda falta de interés en estos temas. En los gobiernos progresistas han subestimado las instituciones estatales encargadas de la tecnología y de las comunicaciones, en algunos casos incluso dan esa responsabilidad a personas que no tienen la preparación. Es un tema serio, porque tiene que ver soberanía, seguridad digital, análisis, reducción de brecha, ampliación de curvas, etc.
No sé trata de un tema etario, porque el presidente Lula si ha entendido esta disputa en el terreno digital, está incorporando debates sobre la regulación de plataformas, control de datos, inteligencia artificial y empresas tecnológicas. En Brasil ya lo entendieron porque lo vivieron con la experiencia de la guerra tecnológica contra Dilma.
Nuestras derrotas que hoy profundizan el fascismo son el resultado de la ausencia nuestra de una reflexión sobre estos temas y en la medida en que sigamos aislados nos seguirán derrotando hasta cuando ya no haya posibilidad de retorno. Hay que exigirles a los liderazgos que entiendan esto ya, porque esto va hacia un nuevo modelo de organización de control.
EL PUNTO DE NO RETORNO
El punto de no retorno no hace referencia a que sea imposible transformar la realidad, sino, al riesgo de que las nuevas arquitecturas tecnológicas consoliden relaciones de poder muy difícil de revertir. Si la infraestructura digital, las plataformas, los datos y los sistemas de inteligencia artificial queden concentrados en pocas corporaciones, quienes llegan tarde a esa disputa ya no compiten en iguales condiciones porque dependen de tecnologías ajenas y aceptan reglas diseñadas por otros.
Ejemplo: durante gran parte del siglo XX, la industria automotriz no solo produjo vehículos, sino que reorganizó la economía mundial, el trabajo, las ciudades, el consumo energético y la geopolítica, transformaron la producción y se redefinió el capitalismo industrial, empresas como General Motors simbolizaron ese poder económico e industrial.
Hoy el centro económico ha cambiado, empresas nacidas en la era digital como Palantir o FB (Meta), poseen capacidad de influencia que transcienden la producción de bienes materiales. Su principal activo son los datos, la IA, las plataformas digitales, capacidad de moldear comportamientos, capacidad de anticipar movimientos y administrar enormes volúmenes de información. El poder ya no reside en quien controla fabricas o recursos naturales, sino también la infraestructura digital sobre la que circula la información, la económica y la vida cotidiana.
El desafío no es simplemente “ponerse al día” con la tecnología, se trara de comprender que está emergiendo un nuevo modelo de organización del poder. Si los movimientos sociales no incorporamos esta discusión como una pripirodad estratégica, corren el riesgo de quedar subordinadas cada vez mas a un orden tecnológico definido por los antogonicos quienes ya tienen la ventaja en recursos.
Cuanto mas se retrase la compresión más difícil será disputar las reglas de un sistema que ya se esta diseñando y consolidando por otros.
¿DÓNDE QUEDA LA DISCUSIÓN SOBRE LA SOBERANÍA TECNOLÓGICA?

La soberanía tecnológica implica que las sociedades pueden decidir sobre datos, sus infraestructuras digitales, sus sistemas de comunicación y sus capacidades tecnológicas, sin depender de transnacionales tecnológicas.
Abordar el tema tecnológico, no es lo mismo que ser hacker, no significa aprender a programar, administrar servidores, ser ingeniero en sistemas, o dominar herramientas especializadas. La tecnología igual que otros temas no puede reducirse a lo técnico, es entender su dimensión política. Hay que comprender como las tecnologías configuran las relaciones de poder, como los algoritmos influyen en nuestras decisiones, cuestionarnos quien controla los datos y cuales son sus intereses, quien maneja las plataformas y como eso impacta en el ejercicio de nuestros derechos.
CONCLUSIONES
• El poder ya no se ejerce únicamente desde la coerción militar y económica.
• La ventaja estratégica en la construcción de opinión publica la tienen quienes comprenden mejor el funcionamiento los algoritmos, el análisis de datos y la segmentación de audiencias.
• Quien no comprende la arquitectura tecnológica desde la que hoy se produce el poder tiene dificultadas para disputar el sentido común y movilizar la ciudadanía.
• Es necesario entender los problemas tecnológicos desde in punto de vista sociocrítico, es una obligación transitar a un modelo hibrido para abanderar la lucha de los derechos de la 4ta generación.
• La alfabetización tecnológica no es una obligación de exclusiva de programadores, es una condición indispensable para ejercer ciudadanía plena.
Apuntes y reflexiones sobre la ponencia “Geopolítica De La Dominación Tecnológica” por Farid Amed / Fundación Casa del Bosque. Bogotá 2026


Comentarios